Este escenario representa un hecho inédito en los últimos diez procesos electorales brasileños, donde por primera vez un solo postulante logra aglutinar el respaldo de más de una fuerza política. La configuración definitiva de estas candidaturas surge tras la culminación de las convenciones partidarias, aunque los registros oficiales ante el Tribunal Superior Electoral (TSE) tienen como fecha límite el 15 de agosto para su validación final.
Lula, quien representa al Partido de los Trabajadores (PT), busca mantenerse en el poder con el respaldo de seis agrupaciones de izquierda: el Partido Socialista Brasileño (PSB), el Partido Democrático Laborista (PDT), el Partido Comunista do Brasil (PCdoB), el Partido Verde (PV), el Partido Socialismo y Libertad (PSOL) y el partido Rede Sustentabilidad. Esta amplia alianza le garantiza una mayor cuota de tiempo en la propaganda electoral gratuita a través de radio y televisión.
De acuerdo con estimaciones de medios locales, el espacio publicitario del jefe de Estado será aproximadamente un 20 % superior al que tendrá el senador Flávio Bolsonaro, representante del Partido Liberal (PL) y señalado por las encuestas como su principal contendor, quien participa sin aliados. La distribución de estos espacios gratuitos depende directamente de la representación que cada partido ostenta en la Cámara de Diputados, lo que convierte a las alianzas en un factor clave para la visibilidad de los candidatos.
Solo Lula, Flávio Bolsonaro, Ronaldo Caiado (del Partido Social Democrático) y Augusto Cury (del Partido Avante) tendrán acceso a estos espacios, debido a que el resto de los aspirantes no cumplió con los requisitos de desempeño exigidos por la normativa electoral. Entre los otros candidatos figuran nombres como Romeu Zema, Renan Santos, Clariana Barao y Wilson Grassi, además de representantes de organizaciones de izquierda de menor alcance.
La ausencia de coaliciones nacionales responde a la postura de neutralidad adoptada por los partidos de centroderecha que dominan el Congreso, tales como União Brasil, Partido Progresistas, Republicanos y Podemos. A pesar de los intentos de Flávio Bolsonaro por concretar alianzas, estas formaciones han priorizado sus propias campañas para el Poder Legislativo, gobernaciones y otros cargos regionales. Analistas políticos sugieren que esta tendencia refleja un Congreso con mayor peso frente al Ejecutivo y reformas electorales recientes que han disminuido la dependencia de los partidos hacia las alianzas presidenciales para asegurar su estabilidad financiera y política.