De acuerdo con el organismo, este evento climático se mantendrá activo al menos hasta febrero de 2027, provocando alteraciones significativas en los regímenes de precipitaciones y temperaturas a escala global. Este fenómeno, que suele presentarse en ciclos de dos a siete años, ya ha consolidado su presencia y se espera que alcance su punto máximo hacia finales del presente año.
Celeste Saulo, secretaria general de la OMM, advirtió que la variabilidad térmica y los cambios en los patrones de lluvia elevarán considerablemente el riesgo de sequías prolongadas, inundaciones y olas de calor extremo. Esta situación se ve agravada por las temperaturas inusualmente elevadas registradas en el Pacífico tropical, región que impacta directamente las costas de naciones latinoamericanas como Ecuador, Colombia y Perú.
El impacto social y económico es una de las mayores preocupaciones. En Centroamérica, la irregularidad de las lluvias ya ha generado una crisis hídrica que ha devastado los cultivos de maíz, afectando gravemente a miles de familias campesinas. Situaciones similares se reportan en la India, donde el monzón ha sido insuficiente, perjudicando la producción agrícola.
El fenómeno afecta diversas latitudes, desde África hasta el sudeste asiático y Australia, donde se prevén inundaciones y deslizamientos de tierra. La reducción en la cosecha mundial no solo compromete el acceso a los alimentos en las comunidades locales, sino que también presiona al alza los precios internacionales, una situación que se suma a la inestabilidad geopolítica derivada del conflicto entre Irán y Estados Unidos y las restricciones en el estrecho de Ormuz.
Ante este panorama, la OMM ha instado a los gobiernos y organismos responsables a tomar medidas preventivas y evaluar las estrategias necesarias para mitigar los efectos de esta crisis climática.