Si bien en compromisos anteriores fueron Michael Olise y Kylian Mbappé quienes acapararon los reflectores, esta vez el protagonismo recayó en Ousmane Dembélé, quien ofreció una de las actuaciones más memorables de la competición.
Dembélé logró anotar tres tantos en apenas 32 minutos, registrando el segundo triplete más rápido en la historia de los mundiales, superado únicamente por el de Erich Probst en 1954. Este hito se suma a los tripletes conseguidos previamente por Lionel Messi y Jonathan David en la presente edición.
Aunque ya había visto puerta frente a Irak, en esta ocasión el atacante francés demostró ser un jugador impredecible, capaz de desbordar por ambos perfiles y convertirse en un dolor de cabeza para cualquier zaga. Sus tres definiciones fueron impecables: dos disparos potentes y una definición sutil para cerrar su cuenta personal.
El resto del ataque galo también mostró un nivel destacado. Mbappé estuvo cerca de anotar al primer minuto con un remate al poste, mientras que Olise se encargó de organizar el juego entre líneas con gran criterio.
Pese a la superioridad francesa, Noruega generó peligro. A pesar de las bajas de Haaland, Nusa y Sorloth, jugadores como Strand Larsen y Oscar Bobb demostraron su calidad de élite. De hecho, Aasgaard descontó para los escandinavos, y Bobb provocó un penal que fue detenido magistralmente por el guardameta Mike Maignan.
El marcador final se redondeó con un tanto de Doue, sellando una victoria contundente para los galos. El encuentro tuvo un matiz emotivo, ya que el equipo estuvo dirigido por Guy Stephan ante la ausencia de Didier Deschamps, quien atraviesa el duelo por el fallecimiento de su madre.
Francia logró pleno de victorias en la fase de grupos, algo que no conseguía desde 1998, año en el que se coronaron campeones del mundo como anfitriones. Con el talento actual, el equipo busca repetir aquella gesta en tierras norteamericanas.