La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, confirmó que la entidad costera figura entre las zonas más devastadas por este fenómeno natural. Rodríguez detalló que se ha gestionado el arribo de asistencia humanitaria internacional y se activarán programas especiales de financiamiento para que los ciudadanos puedan recuperar sus bienes y enseres perdidos.
En el terreno, las labores de auxilio se mantienen activas. Rescatistas, cuerpos de seguridad y la sociedad civil trabajan en conjunto para canalizar suministros, medicamentos y alimentos hacia los centros de acopio y las zonas de desastre. Actualmente, La Guaira se encuentra bajo un esquema de atención prioritaria, con servicios de emergencia desplegados las 24 horas para socorrer a las víctimas de al menos 100 estructuras colapsadas, donde las labores de búsqueda de sobrevivientes y recuperación de cuerpos continúan sin pausa.
En la avenida La Playa de Macuto, efectivos de la Policía Nacional Bolivariana y Protección Civil ejecutan la remoción de escombros en complejos residenciales como Costa Brava y Brisa Brava. Varios edificios de gran altura han colapsado totalmente, mientras que otras estructuras, aunque permanecen en pie, han sido desalojadas preventivamente. Situaciones similares se reportan en Caraballeda, El Palmar y Camurí Chico, donde los familiares aguardan con angustia noticias sobre sus seres queridos cerca de los restos de edificaciones.
Colapso en el hospital de Pariata
El flujo de ambulancias y patrullas hacia el hospital José María Vargas de Pariata es incesante. En la entrada del centro asistencial se ha instalado un área de triaje improvisada para clasificar a los heridos según la gravedad de sus lesiones, que incluyen desde contusiones y luxaciones hasta traumas severos causados por el desplome de concreto y hierro. Las listas de pacientes publicadas en las paredes del centro médico se han convertido en el punto de encuentro para quienes buscan desesperadamente a sus allegados en medio de la crisis.
Historias de supervivencia
Marcelys Salazar, residente de la urbanización 10 de Marzo, relató cómo debió abandonar su hogar junto a su familia ante la intensidad de los movimientos telúricos. Actualmente, se encuentra refugiada en el Polideportivo José María Vargas, convertido en centro de acopio. «Lo único que pude hacer fue encomendarme a Dios y mantener la esperanza», comentó, expresando su preocupación por la falta de comunicación con sus parientes en el oriente del país.
César Gutiérrez, otro de los damnificados del mismo sector, también fue reubicado en el polideportivo tras sortear los escombros de su edificio. Gutiérrez relató la difícil experiencia de ayudar a sus vecinos a evacuar mientras enfrentaba la devastación de su vivienda. Al igual que otros afectados, la interrupción de las telecomunicaciones le impide informar a sus familiares fuera de la región sobre su estado de salud y su ubicación actual.