Tras finalizar un acto público en Connecticut, el jefe de Estado fue abordado por la prensa en Washington. Durante sus declaraciones, mantuvo una postura severa sobre la realidad que atraviesa la isla y desestimó cualquier posibilidad de agudizar el conflicto entre ambas naciones.
«No, no habrá una escalada. No creo que sea necesario. Ese lugar se cae a pedazos. Ellos perdieron el control», sentenció el presidente.
Respecto a la política energética, el gobernante confirmó que se avecinan cambios significativos, aunque evitó profundizar en los detalles de las medidas que se implementarán próximamente. «Pronto habrá un anuncio», reiteró ante la expectativa de los medios.
Estas declaraciones se producen en un momento de alta sensibilidad política, coincidiendo con la acusación formal presentada en territorio estadounidense contra el exlíder cubano Raúl Castro, vinculada a hechos ocurridos en la década de los 90 relacionados con el derribo de aeronaves. Este proceso judicial ha vuelto a centrar la mirada global en los episodios históricos que han marcado la relación bilateral.
Trump enfatizó la relevancia de este contexto, subrayando el impacto emocional y social que representa para la comunidad cubana en el exterior. «Tenemos a Cuba en mente, es muy importante. Fue un momento crucial para la gente, no solo para los cubanoamericanos, sino para quienes emigraron y desean regresar a ver a sus familias», concluyó el mandatario, destacando el respaldo recibido por parte de este sector de la población.