Desde mediados de 2024, la nación caribeña se encuentra inmersa en una profunda inestabilidad energética, la cual se ha visto agravada por las restricciones en la importación de combustible impuestas por el gobierno de los Estados Unidos desde el inicio del año. Estas medidas han sido señaladas por organismos internacionales, incluyendo las Naciones Unidas, como acciones que impactan negativamente en los derechos fundamentales de los ciudadanos.
La realidad cotidiana de los cubanos se ha vuelto insostenible, con interrupciones del servicio que superan las 15 e incluso las 20 horas diarias. Esta situación ha derivado en una parálisis casi total del aparato productivo y ha encendido las alarmas por el creciente descontento social, manifestado en protestas en diversos sectores de La Habana y otras regiones del país.
El panorama para esta jornada es desalentador: la UNE prevé una capacidad de generación de apenas 1.515 megavatios (MW), frente a una demanda máxima que escala hasta los 3.000 MW. Esto arroja un déficit de 1.485 MW, obligando a desconexiones programadas para evitar un colapso total del sistema.
El informe técnico detalla que siete de las 16 unidades termoeléctricas del país se encuentran fuera de servicio debido a averías o falta de mantenimiento, lo que representa una pérdida significativa del 40 % del mix energético. Adicionalmente, otro 40 % de la capacidad, dependiente de motores que requieren diésel y fueloil, permanece inactivo desde enero por la presión externa, según fuentes gubernamentales. El 20 % restante se cubre mediante fuentes renovables y gas.
Para cubrir sus necesidades básicas, Cuba requiere unos 100.000 barriles de petróleo diarios, de los cuales solo 40.000 son producidos localmente. Mientras expertos independientes atribuyen la crisis a una combinación de falta de inversión crónica y el bloqueo estadounidense, el gobierno cubano insiste en que la causa principal es la asfixia económica impuesta por Washington. En los últimos cinco años, la economía cubana ha sufrido una contracción del 15 %, un reflejo directo de la inestabilidad que hoy mantiene al país en una situación de emergencia permanente.