Según los reportes, la empresa de origen británico ha fijado su interés en un mínimo de cuatro zonas de alto valor estratégico.
En conjunto, estas áreas contienen un volumen aproximado de 20 billones de pies cúbicos de gas, lo que posiciona esta iniciativa como una de las más relevantes en el ámbito energético regional y un hito para el sector.
El plan de exportación
La propuesta de Shell se basa en un esquema para extraer el gas en territorio marítimo venezolano y transportarlo por gasoductos hasta la cercana isla de Trinidad y Tobago. En dicha nación, el hidrocarburo sería sometido a un proceso de enfriamiento para licuarlo, lo que simplificaría su comercialización y transporte en buques a los mercados globales.
Para esta fase se emplearía una planta de procesamiento en la cual Shell posee una participación del 45%.
Inversiones y condiciones
Aunque la compañía ya ha suscrito acuerdos preliminares con las autoridades venezolanas, la decisión definitiva sobre el desembolso de capital podría concretarse antes de finalizar el año. Esto está supeditado a que el país ofrezca un marco legal y tributario más favorable que brinde seguridad a la operación.
Adicionalmente, Shell aspira a obtener el control total del campo Loran, un yacimiento que se comparte en la frontera marítima entre Venezuela y Trinidad y Tobago.
Este interés por asumir la gestión completa del lado venezolano se produce luego de que la petrolera norteamericana Chevron decidiera retirarse de dicho proyecto.
Retos en el camino
Uno de los obstáculos principales radica en la presencia de empresas rusas con intereses comerciales en algunas de las áreas pretendidas por Shell. Esta situación podría complicar la formalización de los acuerdos, considerando el actual contexto geopolítico.
A pesar de estas dificultades, la directiva de la empresa británica sostiene que este gas es crucial para satisfacer la creciente demanda energética mundial y compensar las deficiencias de suministro que afectan a otras partes del globo.