Los cuerpos de seguridad del gobierno provisional, liderado por el primer ministro Alix Didier Fils-Aimé, quien asumió el poder en febrero con el apoyo de Estados Unidos, ejecutan estas ofensivas con el objetivo de restablecer el orden público en una nación sumida en la pobreza y controlada por pandillas.
De acuerdo con información de múltiples fuentes analizadas por HRW, un mínimo de 1.243 individuos murieron a causa de drones explosivos en 141 misiones efectuadas entre el 1 de marzo de 2025 y el 21 de enero de 2026. Entre las víctimas se identificaron al menos 43 adultos sin vínculos aparentes con grupos delictivos y 17 niños.
El informe señala que los drones fueron suministrados por la compañía privada Vectus Global, bajo una autorización especial del Departamento de Estado de Estados Unidos.
«Decenas de personas, entre ellas muchos niños, han sido asesinadas y heridas en letales operaciones con drones», afirmó Juanita Goebertus, directora de la División de las Américas de HRW, en un comunicado.
«Las autoridades haitianas deben supervisar con urgencia a las fuerzas de seguridad y a los proveedores privados que colaboran con ellas, antes de que más niños mueran», demandó.
Haití, particularmente su capital Puerto Príncipe, se encuentra en un estado de caos debido a los enfrentamientos entre bandas criminales, que perpetran robos, violaciones y saqueos a diario.
La nación más pobre de América no celebra elecciones desde 2016, y el gobierno de transición, encargado de organizar comicios legislativos y presidenciales en los próximos meses, no ha logrado contener la violencia armada.
Un grupo de dieciocho países, encabezado por Estados Unidos, acordó sustituir la misión multinacional de la ONU por tropas y agentes de policía.
Desde el inicio del año, las operaciones contra las pandillas han incrementado su frecuencia y alcance.
HRW realizó entrevistas con víctimas y familiares de los fallecidos en un ataque ocurrido el 20 de septiembre de 2025, así como con personal médico, activistas comunitarios y testigos.
El ataque de ese día tuvo lugar cerca de un complejo deportivo en Simon Pelé, uno de los barrios más pobres de la capital, donde una banda homónima había reunido a niños y adultos para una distribución de regalos.
Nueve niños con edades comprendidas entre 3 y 12 años perdieron la vida cuando un dron explotó en el sitio. Además, fallecieron 10 adultos sin conexión aparente con el grupo criminal.
Los ataques se intensificaron, duplicándose entre noviembre y el pasado 21 de enero, según HRW, que ha registrado al menos 57 incidentes.
Cada incursión con dron causa un promedio de ocho muertes, siendo el ataque más letal el que dejó un saldo de 57 víctimas fatales.