El organismo, con sede en Miami, comunicó que el evento solar alcanzó la categoría “G4” (severa) a las 3:23 de la madrugada, hora local. Este nivel representa el segundo más alto en la escala establecida por el Centro de Predicción del Clima Espacial de la NOAA, donde “G1” es la escala “menor” y “G5” la “extrema”.
No obstante, en su más reciente informe, divulgado a las 10:30 de la mañana, hora local, la alerta fue disminuida a un nivel “moderado” (G3).
Una tormenta solar se produce cuando partículas energéticas expulsadas por nuestra estrella impactan el campo electromagnético de nuestro planeta. La frecuencia de estos fenómenos está directamente ligada al ciclo solar, el cual recientemente atravesó su punto de máxima actividad. La NOAA ya había emitido avisos por eventos similares en los meses de noviembre y diciembre del año anterior.
Las perturbaciones geomagnéticas implican una alteración del campo magnético terrestre debido al material eyectado por el Sol. Dada su naturaleza electromagnética, estas pueden afectar principalmente a tecnologías e infraestructuras esenciales, desde los sistemas de posicionamiento global (GPS) hasta la generación de interferencias y cortes en sistemas de radio de alta frecuencia o en aquellos utilizados para la aviación.
A pesar de que no se ha demostrado un efecto directo y aparente en la salud de las personas, estas tormentas también pueden influir en el correcto funcionamiento de los satélites que orbitan alrededor de la Tierra y, en situaciones extremas, ocasionar daños a los transformadores de las redes de alta tensión, lo que podría derivar en apagones de gran magnitud.
Como un efecto secundario visualmente impactante, las tormentas solares también ofrecen la oportunidad de observar auroras boreales en latitudes poco comunes, es decir, más alejadas de las regiones polares.
En esta ocasión particular, las mayores probabilidades de avistar estas espectaculares luces del norte se concentran principalmente en el sur de Canadá y el norte de Estados Unidos.