Luis Zúñiga, miembro de la Asamblea de la Resistencia Cubana (ARC), manifestó su apoyo a una posible acción militar. Desde la sede de la organización en Doral, al oeste de Miami, declaró a EFE: “si es necesaria una operación precisa para remover a los opresores, bienvenida sea”.
Son pocos los cubanos exiliados en Miami que se atreven a hablar públicamente sobre la delicada situación en la isla, a menudo por temor a represalias contra sus familiares en Cuba. Sin embargo, entre quienes sí lo hacen, predomina el respaldo a una acción como la que se vio en Venezuela el 3 de enero pasado.
Para Zúñiga, la operación que condujo a Maduro a los tribunales de Nueva York no solo representó un éxito estratégico, sino también la validación del “derecho a la injerencia”.
“Existe el derecho a intervenir en los asuntos internos de Cuba”, aseveró, denunciando que la dictadura “oprime, maltrata y criminaliza arbitrariamente” a los ciudadanos cubanos. Sostuvo que, si el régimen se estableció con ayuda de la Unión Soviética, otras potencias mundiales tienen el derecho de contribuir a la liberación de Cuba.
Este sería el caso de Estados Unidos, nación que ha intensificado su presión sobre Cuba desde el retorno de Donald Trump a la Casa Blanca.
El mandatario reincorporó a Cuba a la lista de naciones patrocinadoras del terrorismo, lo que conllevó nuevas sanciones económicas.
Además, la designación de Marco Rubio, un estadounidense de ascendencia cubana y firme partidario de una línea dura contra La Habana, como secretario de Estado, fue interpretada por el exilio como un presagio de lo que está por venir.
José Ramón Pérez Campos, cubano hijo de exiliados, opinó que la caída de Maduro no será definitiva para Cuba, pero sí constituye un “punto muy vulnerable” para el gobierno de Miguel Díaz-Canel.
“Esta ruptura con Venezuela lo coloca en una posición extremadamente complicada”, advirtió, señalando que el régimen se enfrenta a la disyuntiva de buscar soluciones diplomáticas o encarar un futuro incierto.
Pérez Campos sugirió que un cambio real implicaría abandonar el comunismo, aunque dudó que el régimen esté dispuesto a perder el control, y denunció que el Gobierno cubano continuará culpando a Estados Unidos por los problemas internos.
“O reconocen su incompetencia y realizan un cambio, o no quedará más opción que forzarlos a hacerlo”, afirmó.
Si ese escenario se materializara, dijo, las calles se llenarían de júbilo y gran parte de la comunidad cubana en el exilio estaría dispuesta a colaborar en la reconstrucción del país, sumido en una severa crisis económica, energética y demográfica.
“Nosotros nunca fuimos a un país inmigrante, al contrario”, sostuvo, refiriéndose al exilio forzoso.
A su lado, Álex Arellano elogió a Marco Rubio, a quien describió como “el mejor secretario de Estado desde Henry Kissinger”, y aseguró que pasará a la historia de Cuba si logra poner fin al régimen castrista.
El más contundente fue José Ramón Cardona, un comerciante de Miami, quien afirmó que Cuba sería libre a finales del próximo mes de abril.
“Queremos que esto termine ya”, enfatizó.
Aunque reconoció las dificultades que padece la población cubana debido a las sanciones internacionales, afirmó que “esa es la única vía” para ejercer presión suficiente y lograr el colapso del régimen.