Puerta, en una conversación con Unión Radio, destacó que la gastronomía ha sido tradicionalmente un sector atractivo para el emprendimiento en el país. «Hace algunos años vimos que cerca de 80% de los emprendimientos estaban vinculados a la gastronomía. Desde alguien que hacía tortas en su casa hasta proyectos más formales. La gente cree que montar un restaurante es sencillo, pero es todo lo contrario», advirtió.
El primer año se presenta como el periodo más crítico para la supervivencia de estos negocios. «El primer año es decisivo. Desde 2022 hemos visto que cerca de 70% de los restaurantes se quedan en ese período y no logran consolidarse. Muchos sobreviven técnicamente, pero en números rojos. Los dueños inyectan capital propio para pagar nómina o cubrir gastos, pero el negocio no genera rentabilidad», explicó Puerta.
Superar los dos años de operación suele ser un indicador de que el restaurante ha encontrado un camino hacia la estabilidad, mientras que aquellos que llegan a los tres años se consideran consolidados. Sin embargo, alcanzar esta meta es un desafío considerable en un mercado con un poder adquisitivo mermado y una oferta gastronómica bastante saturada.
Mantener un restaurante en funcionamiento en Venezuela implica una compleja red de permisos y gestiones administrativas. «Se necesita desde certificados de manipulación de alimentos para cada trabajador hasta permisos de sanidad y registros administrativos. No todo el mundo tiene los recursos ni la paciencia para formalizarse, aunque es lo que garantiza visibilidad y estabilidad a largo plazo», señaló el presidente de Canares. A esto se suma el impacto de otros factores económicos que afectan la viabilidad del sector.