En su intervención, Gil afirmó que estas medidas «son empleadas como instrumentos para controlar y subyugar a naciones soberanas». El ministro de Relaciones Exteriores cuestionó las medidas coercitivas y los aranceles impulsados por Washington, asegurando que «persiguen objetivos diferentes a los relacionados con el comercio».
Según Gil, estas sanciones forman parte de una estrategia mantenida por décadas, buscando «objetivos similares a los de las políticas de las medidas coercitivas unilaterales que el Gobierno estadounidense ha abrazado durante décadas”.
El canciller insistió en que estas acciones no buscan la estabilidad económica ni la libre competencia, sino que responden a un “entramado de presión económica” dirigido contra los países que no se alinean con los intereses estadounidenses. Reiteró la postura del gobierno de Nicolás Maduro frente a las restricciones impuestas, considerándolas un atentado contra la soberanía y el desarrollo de las naciones.
En su discurso, Gil exigió la eliminación de todas las medidas coercitivas y alertó sobre su impacto negativo en múltiples aspectos de la vida de los pueblos afectados. Afirmó que «violan gravemente y tienen un impacto negativo, entre otros, sobre el pleno goce de los derechos humanos, así como la adquisición de bienes y servicios, la transferencia de tecnología, la creación de capacidades y la cooperación Sur-Sur, Norte-Sur y triangular a escala mundial”.
Finalmente, el canciller venezolano instó a la comunidad internacional a no aceptar estas prácticas y a cuestionar su legitimidad. “Debemos evitar caer en la trampa de quienes recurren a la promulgación de estas medidas, de quienes persisten en su esfuerzo por imponer una falsa narrativa para confundir a la comunidad internacional y, si no, por legitimar estas prácticas”, concluyó Gil ante los representantes de los Estados miembros de la ONU.