La mujer de 31 años estaba en su casa, junto a la cancha deportiva en la que en el momento del aluvión se desarrollaba un torneo de ecuavoley. Había decenas de participantes y espectadores, cando llegó de lleno la inmensa ola negra que bajó desde el volcán.
Según el alcalde de Quito, Santiago Guarderas, la catástrofe se debió a un «fenómeno natural extraordinario». El mismo tuvo su origen en la intensa lluvia que cayó sobre la ciudad el lunes, con un récord de 75 litros por metro cuadrado, cuando se esperaban dos.
Uno de los embalses construidos para captar las aguas lluvias en la montaña, con capacidad de 4.500 metros cúbicos, se desbordó: se calcula una acumulación de 20.000 metros cúbicos, explicó el alcalde.
Avendaño y su esposo quedaron primero enterrados en su casa, dijo a la agencia Efe, una fuente del Hospital Carlos Andrade Marín (HCAM), donde la atendieron.
Luego, a la mujer, «el alud le arrastró tres cuadras y la encuentra gente que estaba por ahí ayudando y la trasladan al hospital con una fractura en la mano».
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