La Organización Mundial de la Salud considera un error calificar la variante Ómicron de «leve»

Publicado en » Covid-19, Mundo, Salud
enero 7, 2022
A las: 1:30 PM

La variante Ómicron del coronavirus Covid-19 está matando a personas en el mundo y por ello, no debería de ser calificada como «leve», afirmó el jueves la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El jefe de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, recordó que el alto número de casos causados por Ómicron, más contagiosa que la anterior variante Delta, ha causado presión en los hospitales, señaló AFP.

«Aunque Ómicron parece ser menos grave en comparación con delta, especialmente para las personas vacunadas, no significa que deba clasificarse como leve», dijo el director de la OMS.

«Al igual que las variantes anteriores, Ómicron causa hospitalizaciones y está matando a personas», insistió, agregando que el aumento exponencial de los contagios «está desbordando los sistemas sanitarios de todo el mundo».

La semana pasada se notificaron a la OMS unos 9,5 millones de nuevos contagios por Covid-19, un récord. La cifra aumentó 71% respecto a la semana anterior.

Sin embargo, el jefe de la OMS recuerda que la cifra real es probablemente superior.

También aprovechó su primer discurso de 2022 para criticar el modo en que los países ricos acapararon las dosis de vacunas disponibles el año pasado, afirmando que se había creado el caldo de cultivo perfecto para la aparición de variantes del virus.

Es «muy poco probable que Ómicron sea la última variante de la que se oiga hablar, no será la última variante preocupante», advirtió por su parte la directora técnica encargada del covid-19 de la OMS, Maria Van Kerkhove.

En ese sentido, Tedros instó al mundo a repartir las dosis de vacunas de forma más justa en 2022.

El objetivo de la OMS era que todos los países tuvieran el 10% de su población vacunada para finales de septiembre de 2021 y el 40% para finales de diciembre.

De los 194 Estados miembros de la OMS, 92 no alcanzaron el objetivo fijado y, de hecho, 36 de ellos ni siquiera habían vacunado el 10% de su población, en gran parte debido a la imposibilidad de acceder a las dosis.

«La desigualdad en el acceso a las vacunas mata a personas y puestos de trabajo y socava la recuperación económica mundial», insistió el jefe de la OMS.

«Una dosis de refuerzo tras otra en un pequeño número de países no acabará con una pandemia mientras miles de millones siguen completamente desprotegidos», denunció.
Dos años de imprevistos y avances científicos

Hace dos años un nuevo virus se propagó con rapidez fulgurante por todo el mundo, y el 11 de enero de 2020 se registró el primer fallecido. Además de modificar profundamente nuestra forma de vivir, la pandemia del Covid-19 hizo avanzar a grandes pasos nuestro conocimiento científico.

Al principio de la pandemia las autoridades sanitarias insistían en la necesidad de lavarse regularmente las manos para impedir la transmisión del nuevo coronavirus SARS-CoV-2, bautizado Covid-19.

Pero a mediados de 2020 surge un consenso entre los científicos: el virus se transmite más bien mediante los aerosoles, es decir las nubes de micropartículas que emitimos al respirar o hablar, o peor aún, al estornudar, cantar o gritar.

En un lugar cerrado y sin suficiente aireación, esos aerosoles pueden permanecer flotando durante largo tiempo, lo que aumenta considerablemente los riesgos de infección.

A pesar de ello, la población parece no entender suficientemente la importancia de ventilar los espacios, que permite dispersar el peligro.

«Creo que hay un error de comunicación: los científicos no hemos sido lo suficientemente claros sobre la aireación», indicó Arnaud Fontanet, miembro del Consejo Científico que guía al gobierno francés.

«Cuando los científicos hablan de gestos de protección, hay que precisar a la gente que la aireación forma parte de ellos».

Improvisación y algunas contradicciones

Los dos años de pandemia han sido también una larga serie de medidas improvisadas y de algunas contradicciones, como el uso de las mascarillas.


En los primeros meses de la pandemia, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y numerosos gobiernos repetían que las mascarillas solamente debían ser utilizadas por el personal sanitario, los enfermos y sus familiares.

El propio consejero científico de la Casa Blanca, el doctor Anthony Fauci, llegó a opinar inicialmente que no veía «la utilidad» de distribuir mascarillas entre la población.

Ese discurso, criticaron algunos observadores, estaba destinado ante todo a evitar la falta de material esencial entre los médicos e enfermeras.

No había suficientes mascarillas para todo el mundo, en particular en los países desarrollados, muy dependientes del suministro de China.

A partir de la primavera de 2020, el discurso cambió radicalmente: la mascarilla pasa a ser esencial, al punto de que se ha vuelto un artículo obligatorio en cines, teatros, salas de conferencias… e incluso, en momentos, en pleno aire libre.

Con la llegada de la variante Ómicron, a partir de finales de noviembre, algunos expertos llegan además a recomendar el uso de la mascarilla FFP2, más ajustada sobre el rostro y con más poder de filtración.

Una mascarilla difícil de llevar en el interior, durante largas horas.

El efecto acelerador de la pandemia

Si la pandemia se expandió como un reguero de pólvora encendida, la respuesta científica fue también inesperada.

Varios laboratorios, privados o públicos, en asociación o en solitario, consiguen crear vacunas eficientes en menos de un año. Una proeza histórica, si se tiene en cuenta que el promedio era de diez años.

A principios de enero de 2022, es decir poco más de un año después del inicio de la campaña de vacunación mundial, aproximadamente la mitad de la población del planeta ya está totalmente vacunada contra el Covid, según el sitio de la universidad británica Oxford, Our world in data.

En cambio lo que era previsible al inicio de la pandemia se confirmó: el acceso a las vacunas es muy desigual entre países pobres y ricos.

«Si acabamos con esta desigualdad, acabamos con la pandemia», recordó el director general de la OMS en su mensaje de Año Nuevo.

De aquí a julio, el objetivo es «vacunar al 70% de la población» mundial, insistió.

No hay varita mágica

La vacunación ha sido la herramienta primordial de la lucha contra la pandemia: sin ella, el balance de víctimas hubiera sido mucho peor, ya que los fármacos protegen contra las formas graves de la enfermedad.

Pero el sueño de acabar con la pesadilla del Covid-19 con dos dosis del inmunizante pronto se desvaneció.

La eficacia de las vacunas disminuye en grado variable, según su tecnología, ante las nuevas variantes, y además, los vacunados pueden transmitir el virus.

Más desalentador aún, ya hay numerosos casos de personas con tres dosis de vacunas que han caído enfermas a causa del ómicron.

En los países ricos ya se empieza a aplicar una cuarta dosis. Y han vuelto restricciones duras en países como Holanda, con medidas de semiconfinamiento.

«Ningún país podrá escapar de la pandemia a base de dosis de refuerzo» advirtió Tedros.

«Los programas de refuerzo sin discernimiento podrían prolongar la pandemia, en lugar de acabar con ella, puesto que las dosis disponibles irán hacia los países que ya cuentan con tasas de vacunación elevadas, lo que ofrece al virus más posibilidades de difundirse y mutar», insistió.

Argentina supera los 100.000 contagios de covid-19 en un día

Argentina, que desde fines de 2021 enfrenta un aumento vertiginoso de los contagios de Covid-19, sobrepasó este jueves la barrera de los 100.000 nuevos casos, y se coloca como uno de los países de América Latina donde más rápidamente avanza la enfermedad.

Con los centros de testeo desbordados por la propagación de la variante Ómicron, en las últimas 24 horas se registraron 109.608 nuevos casos y 40 fallecimientos.

Debido a la disparada de las infecciones, la ministra de Salud, Carla Vizzotti, pidió a las personas que son contacto estrecho de algún enfermo pero no presentan síntomas que se aíslen y eviten acudir a los centros de testeo.

«Creo que hay que tomar algunas medidas. Me parece que está todo muy liberado y la gente no se cuida mucho. Ahora se está empezando a ver más barbijos, pero hace dos semanas atrás era como que no había pandemia», comentó Sol Castaño, una estudiante de música de 21 años que aguardaba para hacerse la prueba, después de haber estado enferma.

Al destacar que más del 72% de la población tiene el esquema completo de dos dosis de vacuna, Vizzotti refirió que «emergió una variante nueva con una situación diferente, con una transmisibilidad extraordinaria pero con una gravedad mucho menor».

La variante Ómicron fue detectada en Argentina por primera vez el 5 de diciembre pasado. La ocupación de las salas de terapia intensiva se encuentra actualmente en 37,5%.

En la última semana, los nuevos casos aumentaron 155% respecto a la semana anterior, según un recuento en base a cifras oficiales.

«Ómicron nos está trayendo muchas sorpresas. No sabemos cuál va a ser el techo. No hay ninguna manera de detener la transmisión», declaró Sonia Tarragona, jefa de gabinete del ministerio de Salud.

Con una población de 45 millones de habitantes, Argentina suma hasta ahora más de 6 millones de contagios y 117.386 muertes por Covid-19.
Venezuela reportó este miércoles un acumulado de 445.680 casos de Covid-19 – 4.832 activos, 311 nuevos- y 5.341 fallecidos -cuatro nuevos- en 661 días de pandemia.

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