Daniela Rolón empezó a vender gasolina de contrabando en 2012, luego de que su esposo descubriera lo rentable que era el negocio y las pocas oportunidades que tenían de conseguir un empleo formal, sin haber estudiado.


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📅 11 Junio – 19 Julio 2026
Colombia: Pimpineros, cansados de vivir en la ilegalidad

En ese entonces, el suministro llegaba por camiones a Cúcuta y les generaba ganancias diarias a los pimpineros de más de 200.000 pesos.
Hoy, siete de años después, la escasez de combustible en Venezuela y los controles de la Policía Fiscal y Aduanera (Polfa), han llevado a que los vendedores informales consideren que la actividad está muerta, pues las ganancias han caído en más del 60%. Hoy solo ganan 30.000 pesos al día.
A la poca rentabilidad se suman los riesgos en materia de seguridad, que han ocasionado incluso la muerte de sus compañeros y la extorsión por parte de los grupos armados ilegales.
Se estima que en Cúcuta y el área metropolitana hay cerca de 1.471 vendedores informales y 329 en Tibú y Ragonvalia, agrupados en el Sindicato de Trabajadores de la Gasolina (Sintragasolina).
Diferentes administraciones municipales y departamentales han buscado la reconversión laboral de esta población sin haberlos caracterizado con precisión.
Por eso, este año el grupo de investigación Altos Estudios de Frontera de la Universidad Simón Bolívar Sede Cúcuta, en alianza con la Secretaría departamental de Minas y Energía, la Policía Metropolitana de San José de Cúcuta y Sintragasolina, se dieron a la tarea de elaborar un perfil general de los vendedores informales.
Entre junio y agosto, los investigadores encuestaron a una muestra representativa de 726 personas dedicadas a la actividad.
Magaly Alba Niño, investigadora a cargo, explicó que también se escucharon las narrativas de los vendedores en la Mesa Técnica para la Reconversión Sociolaboral.
Los resultados
Alba explicó que la venta informal se puede considerar como una práctica aprendida que se ha naturalizado en la cultura nortesantandereana, pues muchos jóvenes ayudan a sus padres y se quedan en el negocio.
Según los datos recolectados, el 91% de los vendedores es oriundo de Norte de Santander y solo el 9% viene de otras zonas del país.

El 41% de los encuestados señaló que deseaba realizar un pregrado y ser profesional y el 19% quería tener un negocio propio (ver gráficos).
“La aspiración o deseo de las personas muestra un panorama muy alejado de lo que hoy es su realidad, es un sentir de ellos la necesidad de salir, porque están cansados de estar en la calle, le tienen pavor a los accidentes”, explicó.
La directora del programa de Trabajo Social de la Universidad Simón Bolivar, explicó que el mayor miedo que evidenciaron los vendedores en el estudio, es que es una actividad riesgosa porque la mayoría almacena la gasolina en su casa y la manipula cerca a su familias.
El 57% de los participantes coincidió en que el principal motivo para alejarse del todo sería tener un empleo formal y digno que les permita satisfacer sus necesidades.
También señalaron que resulta indispensable contar con el apoyo del Estado para emprender un negocio propio como medida de reconversión laboral (21%).
“Es necesario fortalecer el clima de confianza social y el grado de asociatividad, conciencia cívica y valores culturales en los vendedores”, explica.

Agregó que en los próximos días se pondrán en marcha tres nuevos proyectos: ‘Mi Combustible Soy Yo’, de la Agencia Nacional de Hidrocarburos; los centros de escucha con la Policía Nacional, y proyectos de emprendimiento con el PNUD.

El proyecto del PNUD abrió su convocatoria desde el pasado jueves e irá hasta el 31 de octubre; busca registrar ideas de negocio de vendedores informales.
La Secretaría prestará asesoría en el proceso de registro y el 8 de noviembre se hará la selección de 19 proyectos.
¿Y la reconversión laboral?
Desde hace más de 10 años se han planteado programas y proyectos para brindar a los vendedores una alternativa de vida distinta. Sin embargo, las conclusiones y experiencias indican que estas estrategias en Norte de Santander no han llegado a feliz término.

El primer proyecto fallido buscaba la recolección de aceites residuales, con beneficios para 100 personas.

Otro de los proyectos planteaba la creación de 25 minimercados, cada uno manejado por cuatro pimpineros.

Solo dos proyectos han sido exitosos, la Cooperativa Multiactiva de Pimpineros de Norte de Santander (Coomulpinort) y Rapicarga Exprés.