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Cilia Flores no quiere que Maduro termine en la cárcel

|11 min
Imagen de la noticia: Cilia Flores no quiere que Maduro termine en la cárcel

Cilia Adela Gavidia Flores conoció a Nicolás Maduro Moros en las reuniones que sostenían los grupos de ultraizquierda Liga Socialista, Bandera Roja y el Movimiento 80 en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Central de Venezuela, en los años 80 del siglo pasado. Cilia era una joven abogada penalista, que rondaba los treinta años, fea, de imprescindibles lentes, sin maquillaje y mal vestida. Reflejaba el estereotipo de una intelectual de izquierda, y ya estaba casada y con hijos. Nicolás Maduro asistía ocasionalmente, sobresalía por su estatura, el espeso bigote negro y su torpeza veintiañera.

Cada uno siguió su rumbo. Nicolás Maduro sería guardaespaldas del candidato de la izquierda José Vicente Rangel en 1983 y luego se fue a Cuba, a estudiar en la escuela de formación de cuadros políticos “Ñico López” en La Habana, en donde prestaría servicios al G2 que lo asignaba de chofer de visitantes internacionales para que les informara lo que escuchaba. A su regreso de Cuba se casó en 1988 con Adriana Guerra Angulo y tendría su único hijo, Nicolás Maduro Guerra, conocido actualmente como “Nicolasito”. El matrimonio con Adriana Guerra no duraría muchos años. Por su parte, Cilia Flores seguiría una discreta trayectoria profesional, fue una de las asesoras jurídicas de la policía de investigación judicial, en ese entonces llamada PTJ, hasta 1992, cuando forma parte del equipo de abogados que defiende a Hugo Chávez y al grupo de militares que le acompañaron en los intentos de golpe de Estado de ese año. En el plano personal, había tenido tres hijos con su esposo Walter Ramón Gavidia Rodríguez, también dirigente de izquierda relacionado con el ámbito policial y de la seguridad. Estos hijos son Yosser, Walther Jacob y Yoswal, además de criar a su sobrino Efraín Antonio Campos Flores, hijo de una hermana fallecida. Sus tres hijos se darían a conocer en el futuro bajo el seudónimo de “Los Chamos”.

Nicolás Maduro, su esposa Cilia Flores y Sai Baba, diciembre de 2005
Nicolás Maduro, su esposa Cilia Flores y Sai Baba, diciembre de 2005 / Foto: Infobae

Cilia Flores volvería a encontrarse con Nicolás Maduro cuando coincidieron en una visita a Hugo Chávez en la cárcel de Yare en 1992. Se dice que durante esas visitas al comandante preso se iniciaría la relación entre ellos, a pesar de la diferencia de edad. Al recibir los militares sublevados el indulto presidencial en marzo de 1994, tanto Cilia como Nicolás se dedicarían en cuerpo y alma al trabajo político del Movimiento Quinta República, MVR, que llevaría a Hugo Chávez a la presidencia en 1998. Nicolás Maduro resultará electo diputado y será designado jefe de la Fracción Parlamentaria del MVR. Y luego en 1999 será diputado en la Asamblea Constituyente. Cilia Flores ya destacaba por su carácter enérgico, intransigente, y era considerada una de las “ideólogas duras” del chavismo. Su matrimonio con Walter Gavidia hacía aguas, se divorciaron, y en las elecciones del año 2000, producto de la Constituyente de 1999, es electa diputada en la nueva Asamblea Nacional que sustituye al bicameral Congreso Nacional.

“Nicolasito”, Nicolás Maduro y Cilia Flores (AFP)

El ex esposo Walter Gavidia hará también carrera en el portaviones del chavismo. Será diputado al Parlamento Latinoamericano y presidente del Grupo Parlamentario Venezolano y se beneficia de los privilegios de sus cargos y los de su ex mujer. La relación de Cilia con Nicolás Maduro ya era un hecho conocido en los círculos políticos de izquierda. Una vez un amigo le preguntó si le guardaba rencor a Nicolás Maduro. Gavidia estalló en una carcajada: “¡No, más bien le estoy agradecido! Me quitó de encima a esa fiera…”.

En 2004, Cilia y Nicolás, a instancias de ella, viajarán juntos, como pareja, a la India, al sureño estado de Pradesh, para visitar a Sathya Sai Baba en su centro de Puttaparthi y compartir su devoción y fe hacia el gurú. Cilia calculó que esa visita la daría un carácter más oficial a la relación con Nicolás, así como un conveniente toque de “espiritualidad”. En enero de 2005 Nicolás Maduro será designado por la mayoría oficialista como presidente de la Asamblea Nacional, cargo que dejará en el 2006 al nombrarlo el presidente Hugo Chávez como Canciller de la República. Y será precisamente Cilia Flores quién lo sustituirá en el cargo en la Asamblea. Será la primera mujer en presidirla. La dirigió con mano de hierro contra la oposición, bloqueó todas las iniciativas de investigaciones parlamentarias que formulaban los adversarios y engavetó un proyecto de Ley contra la corrupción. En su paso por la presidencia de la Asamblea hasta el 2011, Cilia Flores nombró a 42 familiares en cargos administrativos en la propia institución. Al parlamento lo llamaban coloquialmente “el jardín” por la cantidad de apellidos Flores que figuraban en la nómina. Acusada de nepotismo, Cilia sólo atinó a responder: “Yo me siento muy orgullosa de que mi familia trabaje aquí…”.

Cortesía

El sábado 8 de diciembre de 2012, a las 9:30 de la noche, el enfermo presidente Hugo Chávez convoca a una reunión extraordinaria en el despacho Uno del Palacio de Miraflores y se dirige al país en cadena nacional. Todos los presentes tienen rostros serios, compungidos. Luego de unos chistes, algunas canciones, el presidente anuncia:

“…Si algo ocurriera, repito, que me inhabilitara de alguna manera, yo… En esa situación debe concluir como manda la Constitución, el período, sino que, mi opinión firme, plena como la luna llena, irrevocable, absoluta, total, es que, en ese escenario que obligaría a convocar, como manda la Constitución de nuevo, a elecciones presidenciales, ustedes elijan a Nicolás Maduro como Presidente de la República Bolivariana de Venezuela… Yo se los pido desde mi corazón…”

 La peor pesadilla de Cilia Flores estuvo a punto de materializarse el 30 de abril de 2019

Pasada la media noche empezaron a circular inquietantes rumores. Movimientos de tropas en cuarteles, el tan anunciado golpe de Estado habría comenzado, llamadas de camaradas, de familiares, tensos silencios. Nicolás y Cilia, aferrados a los teléfonos trataban de conseguir información. El general Cristopher Figuera, director de la policía política SEBIN, no respondía. Vladimir Padrino, el ministro de la Defensa sí atendía, pero con evasivas: no sabía nada, se informaría y llamaría de vuelta. Los asesores cubanos desaparecidos. Nicolás Maduro intentaba frenéticamente comunicarse con La Habana para que le dieran instrucciones, pero no conseguía a nadie que le atendiera o que le comunicaran con Ramiro Valdés, Miguel Díaz-Canal o Raúl Castro. Entonces Cilia le ordenó a Nicolás Maduro: –¡Coño, llama al embajador ruso!.

Cuando amanecía y las televisoras comenzaban a transmitir las sensacionales imágenes de Leopoldo López en libertad, junto con el presidente interino Juan Guaidó, acompañados por militares uniformados y armados, por primera vez en tantos años, Cilia Flores sobrepuso su instinto de supervivencia a sus ya no tan firmes convicciones políticas, no le importó sentir que traicionaba la memoria, ordenes y deseos del Comandante Eterno que le hizo jurar que siempre estaría al lado de Nicolás para apuntalarlo y apoyarlo si lo sentía debilitarse. Los rusos habían logrado aterrizar un avión en Maiquetía para trasladarlos a donde ellos quisieran. Pero insistían, no todo estaba perdido, todavía no era necesario que se fueran de Venezuela. Cilia tomó la decisión.

–Nicolás, si quieres te quedas… Pero yo me voy p’al carajo.

Cilia Flores voló a República Dominicana. El avión ruso regresó de inmediato a Venezuela, pero ya los analistas rusos percibían que el conato subversivo se desinflaba. A los pocos días la “Primera Combatiente” regresó discretamente al lado de Nicolás Maduro. Pero es la que más lo presiona ahora para llegar a un arreglo: –Nicolás, negocia en Barbados, en Noruega, en donde sea… pero vámonos. Esto no tiene salida… Si nos quedamos te van a matar, a encarcelar de por vida… A ti, a mí, a los dos, a mis hijos, al tuyo, a todos… Yo ya no puedo ni quiero seguir viviendo así.

Nicolás Maduro ya no sabe qué hacer. Los cubanos, que ahora sí aparecieron le dicen una cosa, los rusos otra, parecida pero distinta, los talibanes del partido gritan, los gringos presionan y le ahorcan las finanzas, ya no confía en Vladimir Padrino ni en los otros militares, Diosdado lo mira con ironía esperando su caída, el partido anda en modo sálvese quien pueda y su fiel compañera, su camarada de negocios, su pareja con la que tanto han pasado, su esposa de conveniencia y a veces de convicción, su aliada política y su socia financiera, su apoyo personal con la que todo lo ha compartido, con la excepción de tener hijos en común, ahora ella tiró la toalla, ya no quiere combatir…

Con información de venezuelaaldia

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