Sin embargo, la destrucción de la capa de ozono sigue adelante: en efecto, las concentraciones estratosféricas de cloro y bromo, derivadas principalmente de los CFCs, HCFCs, halones y bromuro de metilo (BrMe) continúan en aumento y solo empezarán a disminuir en torno al año 2000, según previsiones; la erosión de la capa de ozono continuará, siempre según previsiones, en tanto los niveles estratosféricos de cloro y bromo superen un umbral crítico.
Se calcula que el nivel de cloro estratosférico considerado seguro no se alcanzará hasta mediados del siglo que viene, si se cumplen los compromisos internacionales. Esto se debe a que la cantidad ya emitida de estos compuestos sigue y seguirá ejerciendo sus efectos durante muchos años. Pero además, los convenios internacionales no han eliminado aún la producción de los compuestos que destruyen la capa de ozono.
En concreto, las sustancias conocidas como HCFCs (hidroclorofluorocarburos) y el BrMe (bromuro de metilo) podrán seguir fabricándose y usándose masivamente hasta bien entrado el siglo que viene. Los efectos de este uso son un retraso en la recuperación de la capa de ozono, con el consiguiente aumento de la radiación ultravioleta sobre la superficie terrestre, lo que implica mayor número de cánceres de piel, cataratas, debilitamiento del sistema inmunitario de los seres vivos, reducción de la productividad vegetal, etc.