El encendido del fuego olímpico fue espectacular: el arquero Antonio Rebollo disparó una flecha en llamas al pebetero. Sin embargo, lo que en ese momento no se supo fue que en realidad la flecha jamás entró al pebetero, sino que pasó por encima. Al parecer todo estaba planeado para que el pebetero se encendiera de manera automática cuando la flecha pasara justo por encima.