Segura del paso que daría tras 20 años de matrimonio, respiró profundo, se encomendó a Dios y salió de su casa, llamada “Nosotros”, ubicada en El Cafetal, a enfrentar un día crucial en su vida.
Vestida de blanco, el color más protector de todos y del que se dice que aclara los pensamientos y las emociones, llegó la “Maracucha de Oro” al edificio “los Tribunales”. Específicamente, subió al piso ocho donde estaba el Juzgado Quinto de Primera Instancia en lo Civil de la Circunscripción Judicial del Distrito Federal y el estado Miranda.
Allí, el 1 de julio de 1986, la pareja más sólida y querida por los venezolanos, conformada por José Luis Rodríguez “El Puma” y Lila Morillo, firmaría la separación de cuerpos y bienes. Eran la 1:10 de la tarde. Ella fue la última en llegar a la cita. Lucía el cabello recién teñido de rojo, mucho maquillaje, serena, pero sin emitir una palabra.
En el lugar había un tumulto desde temprano, como lo reseñó PANORAMA en su edición del miércoles 2 de julio de ese año: “A eso de las 10:00 de la mañana, periodistas y fotógrafos de todos los diarios y revistas del país, así como también renombradas publicaciones internacionales, empezaron a llegar a la oficina del juzgado. Minutos después se apersonó un escuadrón de la policía metropolitana, integrado por unos doce funcionarios, lo cual junto con la presencia allí de las cámaras de Venevisión, específicamente del programa “Close Up”, llamó poderosamente la atención de abogados y personas que iban llegando, así como de una que otra fanática que logró colarse”.
En medio de ese alboroto, unos diez minutos antes que Lila se presentó “El Puma”, José Luis Rodríguez. Con el rostro marcado por el cansancio, vestido con un pantalón negro, zapatos negros, camisa blanca, saco gris y una corbata de rayas amarillas, llegó el vocalista.
Frente a frente, Lila y José Luis no se saludaron. “Ni siquiera se miraron a la cara”, detalló PANORAMA. “Yo estaba segura del paso que iba a dar. Dios me brindó esa serenidad que necesitaba. Sabía que ésa era la mejor decisión para él y para mí. Esa decisión me permitió ayudarlo a él ”, expresó Lila Morillo, al recordar uno de los momentos más importantes del espectáculo nacional que hoy cumple 30 años, su divorcio.
“En un breve y turbulento acto judicial, que duró apenas unos quince minutos, se inició el proceso la disolución”, narró PANORAMA. Mientras se leían las cláusulas del documento legal, los presentes supieron que la disparidad de criterios surgidos entre la pareja en 1984 hizo que la vida en común fuera casi imposible. Muchos se asombraron pues, nunca entre los dos hubo enfrentamientos en vivo. Siempre lucían como una pareja amorosa.
“En mi unión con este gran cantante nunca hubo peleas ni escándalos en el hogar. Mis hijas, Liliana y Lilibeth, no eran culpables de lo que vivíamos en ese momento. Siempre creí que en la habitación se arreglarían las cosas, así que fue muy duro para mí. A mis hijas nunca les hablé mal de su papá. Le expliqué que, cuando él no estuviera con nosotras, debían amarlo”, explicó la intérprete de “El Cocotero”.
A continuación quedó establecido que Liliana, quien ya era mayor de edad, tenía 19 años, viviría con su madre, mientras que la guarda y custodia de Lilibeth, con 17 años, quedaría también en manos de su progenitora.
Luego, se enumeraron las cantidades de bienes que fueron adquiridos por el matrimonio. Por mutuo acuerdo fueron adjudicados a Lila. Se contaba un Conquistador , modelo 1985, color oro, cuyo valor para aquel entonces era de 140.000 bolívares.
De la quinta “Nosotros” también le quedó su mobiliario, que sumaba unos 500.000 bolívares. Además, dos apartamentos ubicados en el Distrito Capital y un terreno de un mil cuarenta metros cuadrados en las inmediaciones de la laguna La Restinga. En total, las posesiones se calcularon en 2.570.000 bolívares. Pero más allá de lo material, “recuperé mi libertad, mi tranquilidad y mi paz”, aseguró la artista.
“¿Habrá reconciliación”, les preguntó el juez. José Luis soltó un “no” moviendo la cabeza. Lila sentenció después: “No habrá reconciliación por lo momentos…”. Con esta respuesta los fanáticos de ambos se conmovieron y la noticia corrió como pólvora.
“Sin duda, creo que el divorcio de Lila y José Luis, junto con el suicidio de Maye Brandt y la trágica muerte de Renny Ottolina, conforman las tres noticias más impactantes del medio artístico del territorio. Los seguidores de ambos se entristecieron porque el matrimonio Rodríguez Morillo era visto como un ejemplo a seguir. Era una pareja joven, exitosa y muy querida por todos, con dos hermosas hijas. Era la familia del momento. Salía en todas las tapas de las revistas. Los días del padre José Luis, Liliana y Lilibeth eran los protagonistas de las fotos de las publicaciones, igual sucedía cuando se celebraba el Día de la Madre. De tal manera, que con la firma de separación se terminó una era. Ese acontecimiento quedó suspendido en el tiempo y con cierta nostalgia pues todos querían que se reconciliaran”, opinó Diego Kapeki, periodista caraqueño de la fuente de espectáculos.
“El paso que di fue lo mejor para los dos…”, agregó Lila, al rememorar lo sucedido. José Luis, el mismo día de la firma, informó por qué se tomó una decisión tan drástica: “Eso forma parte de la vida privada nuestra. El que sabe lo que está pasando es Jesús, que está dentro de la casa. Es difícil mantener una situación tortuosa dentro de un hogar”.
Tres décadas después, Diego Kapeki explica mejor lo que pudo ser el motivo del rompimiento de este hogar. “Él la engañó. Fue por una infidelidad de él”, manifestó. “Yo lo perdoné, en el momento y así fue como conseguí la paz. No podía salir adelante si no perdonaba. Perdoné de una y para siempre… Lo vi el amigo que podía necesitar de mí”, acotó Lila. Un día después de la rúbrica, a Morillo le preguntaron si se sentía fracasada.
Farándula
A 30 años del divorcio de Lila Morillo y José Luis Rodríguez “El Puma”
Con información de Panorama.com
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