Menores en el ecosistema digital
La mayoría de las plataformas sociales exigen una edad mínima de 13 años para registrarse, siguiendo normativas internacionales como la ley estadounidense COPPA. Aplicaciones como TikTok, Facebook, Instagram y X mantienen este límite, el cual busca proteger la privacidad de los datos y asegurar que el usuario tenga la madurez necesaria para gestionar interacciones con desconocidos.
Durante el podcast Conéctate de CONATEL, Alejandra Aguiar, coordinadora del Servicio Nacional para el Desarme (SENADES), subrayó en su vigésima entrega que, sin un monitoreo constante, es imposible identificar con quién se comunican los niños o qué tipo de información personal están divulgando. Aguiar enfatiza que la carencia afectiva suele ser el detonante de conductas de riesgo; por ello, al fortalecer los lazos de cariño y la autoestima en el hogar, se reduce la probabilidad de que el menor busque validación en entornos peligrosos.
La prevención efectiva requiere un esfuerzo conjunto entre la familia, las instituciones educativas y los propios jóvenes, estableciendo sistemas de alerta donde los padres actúen como guías y no solo como figuras prohibitivas.
Estrategias para blindar la seguridad de los niños
Organizaciones como Cecodap destacan que la seguridad en línea es un proceso de aprendizaje continuo. Entre las medidas inmediatas, se recomienda configurar los perfiles de forma privada, limitando el acceso exclusivamente a personas conocidas en el entorno físico del menor.
Es fundamental instruir a los hijos sobre los riesgos de compartir datos sensibles, tales como su ubicación en tiempo real, el uniforme escolar o números telefónicos. Asimismo, los representantes deben familiarizarse con las plataformas que utilizan sus hijos, creando sus propias cuentas para supervisar el contenido y las interacciones.
Se debe empoderar al menor para que utilice las herramientas de bloqueo y reporte ante cualquier cuenta que le genere miedo o incomodidad. Adicionalmente, el uso de aplicaciones de control parental, como Family Link, permite a los padres supervisar lo que sus hijos ven, descargan o escuchan, además de gestionar los horarios de uso del dispositivo. La clave reside en mantener una comunicación abierta y de confianza, permitiendo una supervisión libre que detecte a tiempo cualquier actividad sospechosa.