El país beisbolero está de fiesta. Él, aunque bastante mayor y algo cansado, sigue vivo, goza de salud y es feliz en la grata compañía de sus seres queridos, principalmente sus nietos, que son su adoración y sus perritos que son como sus otros hijos. Sigue siendo el número uno, tras jurarle a su padre y al mundo “no ser el segundo de nadie”, así ha sido y así será.


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📅 11 Junio – 19 Julio 2026
¡Venezuela celebra los 41 años de la exaltación al salón de la fama de Luis Aparicio Montiel

Se trata de Luis Ernesto Aparicio Montiel, único venezolano miembro del Salón de la Fama de las Grandes Ligas, templo de los inmortales al cual no llega cualquiera, ni siquiera siendo un brillante y destacado jugador, caso David Concepción, caso Andrés Galarraga, caso Bob Abreu, caso Omar Vizquel, quienes todos, con sus notables carreras, por un tema de injusticia o no, no han podido hacerle compañía a Aparicio, quien fue primero y jamás será segundo. Este 12 de agosto, se cumplen 41 años de aquella gloria para el país. Sigue siendo el rey, el único nativo que brilla en sitial de los inmortales.
Nueve veces ganador del Guante de Oro como campocorto, creció bajo la influencia de otro inmortal “El Grande de Maracaibo” Luis Ernesto Aparicio Ortega, mentor, no solo en el terreno de juego, sino en la vida misma, un padre a quien seguirle los pasos no costaba nada, porque era su referente en la vida.

La exaltación
n aquellos días de 1984, la globalización que hoy tenemos, la tecnología virtual y las aplicaciones que dan a conocer los hechos en tiempo real, no existían, por tanto, la noticia de la consagración del ‘inmortal’ no se conoció de inmediato.
Pero, escuchar a Luis (Aparicio Montiel) contarlo es algo que para los pelos. Era el 11 de enero de 1984 cuando, en horas de la noche, en la casa de los Aparicio Llorente (Sonia Llorente, esposa de Luis Aparicio Montiel) esperaban con ansias las noticias sobre los exaltados a Cooperstown.

“Cuando escuchamos su nombre en Venezolana de Televisión, pegamos gritos y nos pusimos a llorar” contó Sonia a Arturo Cárdenas en ‘Mi Historia’ el libro que Cárdenas, notable periodista deportivo zuliano escribiera con el inmortal.
Se enteran primero sus familiares que él ¿Por qué?
Pero, fueron sus familiares los primeros en enterarse de la hazaña conquistada, porque resulta que Luis, aún no lo sabía y la forma como lo supo fue aún más conmovedora.
Así lo narra Augusto Cárdenas en el libro de Aparicio: “Entonces, comentarista de Radio Caracas Televisión, Aparicio viajaba por la autopista Regional del Centro, junto con su compañero de comentarios en el staff de RCTV, el periodista Carlitos González tras cumplir con la transmisión del juego entre Tiburones de La Guaira y Navegantes del Magallanes, en el estadio José Bernardo Pérez de Valencia”.

“Iba ansioso por la oscura autopista escuchando por radio el juego que se ventilaba en el estadio Universitario de Caracas entre los Tigres de Aragua y los Leones del Caracas, ahí fue que se enteró Luis de lo que ya toda Venezuela celebraba”.

El propio Aparicio se lo describió a Augusto Cárdenas: “De repente dejan de narrar el juego, pararon toda vaina y de pronto se escucha una música de fanfarria para dar la noticia. El narrador del Circuito Radiofónico de los Leones del Caracas, Delio Amado León, tomó la palabra y lo dijo: ‘Venezuela entera, ya tenemos un miembro en el Salón de la Fama’ al tiempo que los excitados aficionados, en el fragor del emocionante extraininng en el que se debatían sus conjuntos, entonaron a todo pulmón el Himno Nacional y un sonoro aplauso se dejó escuchar en el estadio capitalino”.
Abrumado, tratando de digerir la noticia más importante de su carrera, quedó en silencio, hasta que le soltó a su compañero, Carlitos González, quien iba al volante: “Ya tenéis un amigo en el Hall de la Fama”.

Y completa Aparicio en un recuerdo que jamás olvidará: “Llegamos a la parada de la Encrucijada y eso fue un escándalo”. Fue su primer contacto con la realidad, felicitaciones y vítores iban y venían. Los abrazos no paraban, las solicitudes de autógrafos se desbordaron.
El primer homenaje lo recibió en la carretera
Casualmente, coinciden en esa parada con el equipo Tiburones de La Guaira, cuyo autobús estaba aparcado en el lugar. El mánager de los escualos, el dominicano Oswaldo Virgil, le dirigió unas emotivas palabras de felicitación en un improvisado auditorio que rompió con una sonora ovación de reconocimiento.Luis, quedó abrumado, guapeando para evitar irse en llanto: “Yo no me esperaba algo así, porque hasta los mesoneros y todos se levantaron a aplaudir”.
Lo vivido esa madrugada a las 12.00 de la media noche –relata Cárdenas en el libro- era apenas el abreboca de lo que estaba por venir.
Al otro día, al entrar al estadio Universitario de Caracas a cumplir con sus compromisos televisivos con la Liga, recibió una de las más grandes ovaciones de toda su vida, tal como lo cuenta el propio Aparicio: “Muchacho, cuando entré al estadio, eso sí fue emocionante…”.
En Cooperstown

El anuncio fue en enero de 1984, la exaltación oficial en Cooperstown, lugar donde se erige el templo de los inmortales, fue el 12 de agosto de ese mismo año 1984, año, por cierto en el cual las Águilas del Zulia defendían el campeonato de la LVBP y de la Serie del Caribe.

Emotivo discurso tras su exaltación
Aparicio siempre ha sido hombre de pocas palabras, de carácter recio y serio. No es muy abrazón ni tocón, quien no lo conozca, de buenas a primera lo mal juzga, pero, al conocerlo bien la percepción cambia diametralmente. Pocos deportistas pueden llegarle a Aparicio en respeto, integridad y rectitud. Jamás mostró una sola mancha en su larga trayectoria como beisbolista ni en Estados Unidos ni en Venezuela.
Aparicio está hoy bastante mayor. Las huellas del tiempo y la edad han hecho algo de mella en él. Ya no se le ve en los estadios, permanece bajo la calidez de su hogar que ha sido siempre su lugar preferido de estar. Para Aparicio no hay nada más sagrado y plácido en el mundo que la comodidad de su hogar en compañía de hijos y nietos que entran y salen, siempre pendientes de atenderlo, de darle amor y compañía.

Pero, no es menos cierto, que su nombre, su placa, su recuerdo y su legado que brillan en el templo de los inmortales en Cooperstown, es un sitial eterno para el más grande beisbolista que ha conocido Venezuela. El más cercano ahora en la posibilidad de hacerle compañía es Miguel Cabrera. Todavía le queda un trayecto largo para que eso ocurra y mantenerse siempre con un historial inmaculado es clave para Cabrera que, de ser exaltado, será el segundo venezolano.
Un saludo especial

Desde el ayuntamiento de Maracaibo, el recién electo alcalde Giancarlo Di Martino, envió un bonito flyer en ocasión de celebrar estos 41 años de la gesta histórica más significativa para pelotero venezolano alguno en la historia del béisbol de nuestro país.
Pero, la deuda sigue y será muy triste que don Luis se marche de este mundo sin poder ver su estatua, su monumento, que sí le hicieron en Chicago, como lo pudo disfrutar en vida junto con su esposa Sonia (en la gráfica) y que es un deber Moral hacerlo en Maracaibo.

¿Junto a la de su padre en el estadio Luis Aparicio ‘El Grande’? Pudiera ser, pero el tiempo avanza y la idea es hacerle este merecido regalo en vida a don Luis. Ojalá que la idea brote y despunte.

Y ojalá tengamos todavía con nosotros a don Luis y que él mismo, con sus propios ojos y su corazón pueda sentir ese amor que desde el Zulia se atesora hacia él con el orgullo de lo conquistado.
