«La crisis venezolana no termina, al contrario, se agrava. Produjo múltiples consecuencias. La ruptura de las relaciones completas fue una de ellas. No hemos restaurado ni estamos pensando en restaurar las diplomáticas, pero sí las consulares por un tema, primero, humanitario», señaló el presidente panameño durante una conferencia de prensa.
Específicamente, la medida busca «poder lograr el traslado de todos los señores y señoras indocumentados que vienen (de) toda Centroamérica y llegan a Panamá (y así) poderlos enviar directamente a Caracas o a donde el gobierno venezolano decida, por eso está nuestra cónsul allá».
Panamá y Venezuela ya habían anunciado en mayo la reactivación de los vuelos y posteriormente la reanudación de relaciones consulares, después de que el gobierno de Mulino expresara cuestionamientos sobre los resultados de las elecciones presidenciales de Venezuela en 2024.
Mulino enfatizó que la restauración se dio «principalmente» por «el tema humanitario», dado que hasta la fecha, se debe trasladar a Colombia a «al 94% de esos inmigrantes que vienen norte sur a Panamá y que de ahí tienen que ir para su destino final, que es Venezuela».
Desde la asunción de José Raúl Mulino en la presidencia de Panamá el 1 de julio de 2024, y con la entrada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos el pasado 20 de enero, el flujo migratorio ha disminuido considerablemente. Esto se debe a políticas implementadas para su contención, como los vuelos financiados por Estados Unidos para repatriar migrantes que cruzaban el Darién y el cierre de pasos ilegales en esa selva. En contraste, el flujo migratorio inverso, de norte a sur, ha experimentado una notable reducción.