El epicentro del movimiento telúrico se ubicó en la provincia de Nangarhar, a una escasa profundidad de ocho kilómetros, lo que intensificó su capacidad destructiva. Las provincias de Kunar, Laghman y Nuristán también sufrieron graves daños, reportándose al menos tres poblados como completamente destruidos.
Los hospitales de Jalalabad y Asadabad están colapsados por la gran cantidad de heridos, muchos de los cuales están siendo atendidos en el suelo. El director del hospital provincial de Kunar, quien declaró estado de emergencia en el centro, comentó a la BBC: “Cada cinco minutos llega un paciente nuevo”.
El Gobierno talibán ha anunciado la conformación de un comité especial para brindar asistencia a los afectados y ha asignado 1.000 millones de afganos (equivalentes a unos 10,8 millones de libras esterlinas) para la atención de emergencia. Sin embargo, reconocen que el número de fallecidos probablemente seguirá en aumento debido a los obstáculos para llegar a las aldeas más apartadas.
La catástrofe golpea a Afganistán en un momento de extrema fragilidad, ya que las provincias damnificadas aún se estaban recuperando de inundaciones recientes que dejaron cinco muertos y cientos de familias afectadas.
Las labores de rescate se ven complicadas por el bloqueo de carreteras, deslizamientos de tierra y la falta de equipos adecuados.