Ángela Mariño tiene 53 años y reside en el sector Corral de Nava, parroquia Arístides Calvani de Cabimas. Una de sus hijas tiene 6 meses de embarazo y tenía contracciones, pero en el ambulatorio no la atendieron y debió esperar que amaneciera para ser trasladada al Hospital Adolfo D’Empaire, a casi 45 minutos.
“Lo que es difícil en la ciudad para nosotros es más complicado. En la madrugada hay que agarrar la carretera para llegar a Cabimas o Maracaibo y es peligroso. Los enfermos deben esperar un bus que solo pasa dos veces al día y viene del Consejo de Ciruma”, precisó.
En los ambulatorios de las zonas rurales de Cabimas, Miranda, Simón Bolívar y Santa Rita, en la Costa Oriental del Lago, requieren de inspecciones, reparación de equipos y entregas de suministros médicos.
Mariño contó que en el ambulatorio no hay aires acondicionados, la electricidad falla con frecuencia y la inoperatividad de los equipos. “Durante la noche los médicos no se quedan por miedo, están a la buena de Dios. La salud es un lujo para los que vivimos en la zona rural”, afirmó
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