Aquella cucharada de miel que te daba tu abuela cuando te resfriabas funcionaba, aunque no sea del todo eficaz: un reciente metanálisis confirma que la miel es válida para tratar la tos y otros síntomas de las infecciones del tracto respiratorio superior.
Una revisión reciente publicada en la revista BMJ Evidence-Based Medicine apunta hacia el uso positivo de la miel para mejorar los síntomas de las infecciones del tracto respiratorio superior (URTI), incluido el resfriado común. Estas afecciones son la razón más frecuente para la prescripción de antibióticos, pero la mayor parte de ella son virales y no bacterianas: el rinovirus por sí solo representa aproximadamente el 80% de todas las infecciones respiratorias durante las temporadas altas.
La revisión sistemática y el metanálisis recientes intentan llenar este vacío de evidencias científicas a la hora de aplicar un remedio popular que se remonta cientos de años atrás. Para poner la miel a prueba, el equipo profundizó en los hallazgos existentes. Seleccionaron estudios relevantes que involucraron a humanos de cualquier edad y en cualquier entorno, comparando este alimento con al menos otra intervención: ningún tratamiento, atención habitual o un placebo.
Resultados positivos pero todavía faltan evidencias
Los resultados del metanálisis fueron positivos en general, pero no concluyentes. «Dos de los tres estudios que compararon la miel con el placebo indicaron un efecto beneficioso de la miel, pero en general, no tenemos una base de evidencia sólida a partir de las comparaciones de la miel con el placebo». Sin embargo, las conclusiones fueron más transparentes al comparar la miel con el tratamiento habitual, asociándose esta con una reducción significativamente mayor en la puntuación combinada de los síntomas, la frecuencia de la tos y la gravedad de la tos.
Los autores también concluyen que, aunque los métodos de atención habitual variaron ampliamente entre los estudios, todos fueron «igualmente ineficaces». Además de los sesgos, un problema es que nueve de los estudios solamente analizaron como sujetos a niños, mientras que otros no emplearon miel pura sino jarabes naturales basados en ella, combinaciones con hierbas o añadidos de café y leche.


