Este hombre de 61 años de edad, que vivió 50 años en Caracas, prefirió recoger los billetes o conseguirlos en casas de cambio en la frontera para que estos cobraran valor, a través de sus esculturas que son de diferentes tamaños y colores.
Quizás Orlando no tenga una gran fábrica, pero sí una gran habilidad que lo ha llevado, incluso, a ser invitado en algunas exposiciones fuera del país, reseñó VOA.
Asimismo, contó que fue la cárcel el lugar de inspiración para esta ingeniosa idea, ya que visitaba a un par de amigos en sus celdas en Caracas, y allí conoció que uno de los principales pasatiempos era precisamente elaborar figuras con origami.
“Ellos (los amigos) hacían todo lo que son unos cisnes pequeños, figuras pequeñas, pero yo, con unas figuras de internet, traté de meterme por otro camino (…) Ellos tenían la práctica, el doblaje del papel o la cartulina, más no el papel moneda, pero yo traté de elevarlo a otro nivel y hacer figura más llamativas(…) Fue algo espontáneo, natural”, contó.
En ese sentido, apuntó que su slogan es “darle valor a lo que no tenía valor” y ahora junto con dos migrantes venezolanos se dedica a trabajar en este proyecto con figuras que se venden por valor de entre tres y 100 dólares.
Destacó que una hora es el tiempo estimado para trabajar un llavero; otras figuras, como los cisnes, le toman un par de horas y un poco más. Cuando trabaja el billete entero, se demora elaborando en una figura entre 6 y 8 horas. Lo más difícil, dice él, es trabajar con un billete partido para doblarlo.
Las culebras o cobras son su principal desafío: además de tardarse una o dos semanas construyéndolas, pueden llegar a medir 50 cm de alto, pero hasta 4 metros de largo y, para poder enrollarlas, debe esperar que el papel esté húmedo y la pega (pegante, papel higiénico y químico) funcione para darle forma.