La novedad que muestra la reanudación de estas conversaciones, en comparación a las de años pasados, es la innegable crisis agravada que cada día asfixia más a los venezolanos en todos los aspectos, en los cuales solo son ellos los que realmente sufren. Es justo esa premisa, junto con la creciente presión internacional en torno a Nicolás Maduro, han reabierto la puerta al diálogo.
Por su parte, el mandatario encargado, Juan Guaidó, ha expuesto que este “diálogo” entre las partes en conflicto solo representa una herramienta más de lucha, que no se desvía de los objetivos originales que se persiguen: cese de usurpación, gobierno de transición y elecciones libres.
Por su parte, el ministro de Comunicación de la dictadura, Jorge Rodríguez, calificó el acercamiento de “exitoso intercambio”, mientras que el vicepresidente del Parlamento, Stalin González, miembro de la delegación opositora que viajó a Barbados, pidió avances para “poner fin al sufrimiento de los venezolanos”. “Necesitamos respuestas y resultados”, manifestó.
Igualmente, la Cancillería de Noruega emitió un comunicado que augura “una solución acordada y en el marco de las posibilidades que ofrece la Constitución” y recordó a las partes, que ahora consultarán internamente los próximos pasos, “la importancia de que tomen la máxima precaución en sus comentarios y declaraciones respecto al proceso”.
Otro que no se ha quedado callado sobre este álgido tema, es el corrupto más mediático del régimen, Diosdado Cabello, quien se limitó a especular de nuevo en su programa televisivo de bajo presupuesto “Con el Mazo Dando”, sobre unas legislativas, una hipótesis que de por sí muy probablemente haría saltar la mesa de diálogo. “En muy poco tiempo habrá elecciones”, dijo, dejando claro que, según él, la única instancia que puede adelantarlas es la Constituyente.