
Cuando empacó maletas y agarró a sus tres pequeños de 11, 6 y un año, tenía bien clara su meta: reunificar el hogar que tiene con Édgar Poveda, su esposo que migró a Colombia desde el año pasado, y trabajar para ayudar a su mamá y cinco hermanos que aún están en Venezuela. A Édgar lo conoce desde la infancia y la relación empezó cuando apenas tenía 16 años; actualmente tiene 29.
El destino final de esa fuga humanitaria fue el municipio de Yotoco, en el Valle del Cauca. Allí la esperaban Édgar, su hermana Marian, su esposo Neveres Poveda y su hijo. Las dos parejas son concuñados entre sí y oriundos del estado venezolano de Zulia.
Los Poveda–Pino no vivían con demasiados lujos en Venezuela, pero eran felices. Édgar se ganaba la vida manejando su propio taxi, mientras que Marian, la hermana de Yusmeiry, trabajaba como profesora, ya que es docente comunitaria y enfermera.
“Aquí en Yotoco trabajé algunos meses en la misma panadería donde labora mi compañero, pero estoy de nuevo cesante”, dijo Marian, la hermana de Yusmeiry que llegó a Colombia en febrero pasado.
De ahí que, si bien el nuevo embarazo de Yusmeiry fue recibido como una bendición para el hogar de los migrantes, ella sabía que no era el momento indicado, “no me lo esperaba porque hace un año me operé para no tener más hijos. Me cortaron las trompas”, dijo la joven venezolana.