Su importancia reside en la posibilidad de que evolucionen y den lugar a un cáncer de piel.
Cuando su apariencia cambia, presentan bordes irregulares, se vuelven duros, el color no es homogéneo y el diámetro supera los seis milímetros, hay que ir al especialista para que practique una biopsia. Si resulta ser un melanoma, el diagnóstico precoz asegura la curación en el 95 % de los casos.
Algunos estudios apuntan que entre el 0,2 % y el 1,5% de la población presenta al nacer una variedad conocida como nevus melanocítico congénito (NMC). Aunque pueden ser de todos los tamaños, en ciertos casos los NMC son de grandes dimensiones, y se ha observado que pueden alcanzar hasta 20 centímetros de diámetro en los recién nacidos.
«Estos tienen más probabilidad de convertirse en malignos por su tamaño y porque llevan más tiempo expuestos a la radiación solar», apunta el doctor Pedraz. No solo se ubican en la piel; también los hay internos. «Se encuentran detrás de la columna vertebral e incluso en el cerebro, pero no tienen repercusión para la salud». Sí pueden tenerla los de mayor tamaño. «Son muy poco frecuentes, suelen situarse en el tronco y se extirpan con cirugía», añade Pedraz.
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