Desde que le pasado 30 de abril el presidente encargado de Venezuela, Juan Guaidó, se presentó junto al líder opositor, Leopoldo López, en la base aérea La Carlota, luego de lograr liberarlo de su arresto domiciliario junto a efectivos del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin), incluyendo a su director, el general Manuel Cristopher Figuera.
Este sería el primero de los alzamientos en uniformados que, posteriormente, han continuado apoyando las acciones enmarcadas en la “Operación Libertad”, por el cese de la usurpación.
Luego de lo ocurrido, el régimen de Maduro trasladó a una cárcel de alta seguridad a otro preso político de influencia dentro de la Fuerza Armada: el general Miguel Rodríguez Torres, quien estuvo al frente de los servicios de inteligencia del Estado y tuvo una alta conexión con Hugo Chávez.
Sumado a esto, recientemente uno de los presos políticos más antiguos del chavismo, Ivan Simonovis, contra todo pronóstico, también le dijo “nos vemos pronto” a la dictadura, y a los funcionarios de Sebin que lo mantenían vigilado en su residencia mientras cumplía una condena de 30 años bajo arresto domiciliario por su participación en los hechos de Puente Llaguno en el año 2002.
Los casos expuestos anteriormente han demostrado en lo que va de mes que Maduro cada día está más solo, y que las fuerzas de las que tanto hace alarde le continúan dando donde más le duele, en el momento menos esperado.