Guía para entender las elecciones presidenciales en EEUU

Publicado en » Internacionales
noviembre 3, 2016
A las: 7:28 PM

El proceso para elegir al presidente de Estados Unidos es complejo y a menudo se malinterpreta. Los votantes no eligen directamente al mandatario, sino que optan por los ‘electores’ de uno u otro partido.

Las elecciones presidenciales de EEUU se celebran cada cuatro años desde hace más de dos siglos, pero esa longevidad no ha minado su capacidad para sorprender y confundir. Esto es lo que hay que saber sobre el funcionamiento del proceso y sobre cómo se decidirá el próximo ocupante de la Casa Blanca.

¿Qué es el colegio electoral?

El presidente no lo escoge directamente el pueblo. La decisión se toma mediante un sistema idiosincrásico conocido como Colegio Electoral, que convierte las elecciones en una batalla por los distintos estados. Sandy Maisel de Colby College ha calificado el proceso de «complejo, imperfecto e incomprendido».

Aunque los nombres de los candidatos presidenciales aparecen en las papeletas, técnicamente los estadounidenses eligen entre una serie de electores a aquel que representará a sus estados en el colegio electoral. Cada partido selecciona a sus propios electores, que suelen ser líderes del partido, autoridades electas locales o activistas.

Los votos electorales de cada estado equivalen al número de legisladores que poseen en la Cámara de Representantes más sus dos senadores, lo que suma un total de 538. El candidato presidencial ganador debe asegurarse una mayoría de esos votos. A nivel estatal, es un sistema por el que el ganador del voto popular consigue todos los electores, excepto en Nebraska y Maine, que dividen sus votos otorgando uno al ganador de cada distrito congresual.

¿Cuáles son los estados indecisos en 2016?

El carácter atípico de las elecciones de este año ha provocado que el mapa de estados indecisos sea más amplio y fluido de lo habitual. Son campos de batalla donde los dos partidos suelen estar igualados, y este año dos de los estados indecisos tradicionales, Florida (con 29 votos en el Colegio Electoral) y Ohio (18), vuelven a centrar la atención. Carolina del Norte (15) es otro punto familiar donde la competencia es especialmente reñida, algo que también ocurre en New Hampshire (4) Iowa (6) y Nevada (6).

Una de las sorpresas de este año es que el comportamiento errático de Donald Trump ha sumado al juego dos estados tradicionalmente republicanos: Arizona (11) y Georgia (16). Se habla incluso de que Hillary Clinton tiene la oportunidad de ganar los 38 votos de Texas. El estado con más votos electorales es California, con 55, claramente demócrata.

¿Se puede ganar el voto popular y pese a todo perder las elecciones?

Sí, es posible obtener la mayoría de los votos a nivel nacional y perder en el colegio electoral. Es lo que le sucedió a Al Gore en las disputadas elecciones estadounidenses de 2000 que terminaron dando la presidencia a George W. Bush. También le ocurrió a Andrew Jackson en 1824, a Samuel Tilden en 1876 y a Grover Cleveland en 1888.

¿Por qué complicar tanto las elecciones?

El colegio electoral surgió como un compromiso. En la convención constitucional de 1787 de Filadelfia, los delegados eran incapaces de ponerse de acuerdo sobre si el presidente debía ser elegido por el Congreso, por los gobernadores estatales, por asambleas legislativas estatales o directamente por los votantes. Finalmente, crearon el Colegio Electoral como una cámara intermedia que permite a los estados escoger sus propios métodos de votación para los electores.

¿Por qué se celebran las elecciones el martes 8 de noviembre?

Las elecciones presidenciales se celebran el martes siguiente al primer lunes de noviembre por razones que se remontan a cuando EEUU era una sociedad agrícola sin coches. El Congreso decidió en 1845 cuándo se celebrarían las elecciones, y los legisladores acordaron que principios de noviembre sería una buena fecha porque caía entre el final de la cosecha y los peores rigores del invierno.

Optaron por el martes porque la gente podía necesitar todo un día para llegar al lugar de votación, por lo general un centro administrativo, y los ciudadanos religiosos no querían que se interrumpiese su domingo. El miércoles, por su parte, era día de mercado en muchas poblaciones.

¿Y si los votantes no pueden acudir a las urnas ese día?

Un creciente número de estadounidenses tiene la opción de votar de forma anticipada si no pueden asistir el día de las elecciones. En Minnesota, donde se depositaron las primeras papeletas, la votación empezó el 23 de septiembre, 46 días antes de la jornada electoral.

Además, 37 estados y el Distrito de Columbia permiten votar de forma anticipada sin necesidad de aportar una justificación. El 19 de octubre, ya habían votado 2,5 millones de personas, según Michael McDonald, que controla las estadísticas de voto en la Universidad de Florida.

Estos votantes pueden ejercer su derecho a voto en persona en centros electorales seleccionados para tal fin o solicitar el voto por correo. Según Brennan Center, en 2012 se depositaron de forma anticipada un 14% de los votos. En Texas, donde el voto anticipado se estableció en 1988, la proporción fue del 62%.

¿Qué más aparece en las papeletas?

Los estadounidenses no sólo eligen al presidente, también escogen 34 de los 100 escaños del Senado y los 435 asientos de la Cámara de Representantes. Hay 12 gobernadores en liza y 93 cargos ejecutivos estatales que incluyen a fiscales generales y a comisionados de seguros, según Ballotpedia. Cerca del 80% de los asientos de las 99 cámaras legislativas estatales también están en juego.

Además los estadounidenses escogerán a concejales de las ciudades, miembros de los consejos escolares y jueces. En total, EEUU tiene unos 510.000 cargos electos, según el libro de Jennifer Lawless Becoming a Candidate, aunque no todos se eligen el 8 de noviembre. En 35 estados los votantes también tendrán voz en más de 100 referendos sobre temas específicos como la legalización de la marihuana, la subida del salario mínimo y el endurecimiento de la legislación sobre las armas, de acuerdo con Ballotpedia.

¿Cuándo se hace oficial el resultado?

Hay un retraso de unas pocas semanas entre el día de las elecciones y la certificación oficial del resultado. La ley federal establece que los electores de cada estado deben reunirse, normalmente en las capitales de sus respectivos estados, el primer lunes posterior al segundo miércoles de diciembre.

Eso implica que este año será el 19 de diciembre. Allí emitirán su decisión oficial en una votación que se certificará y enviará al vicepresidente Joe Biden. El 6 de enero Biden presidirá el recuento formal del colegio electoral y nombrará al ganador. El nuevo presidente jurará su cargo el 20 de enero.

Es poco probable que se produzca un empate a 269 en el colegio electoral, pero no es inconcebible. El sistema original tenía un número impar de electores (535), haciendo imposible un empate, pero la vigésimo tercera enmienda a la Constitución en 1961 otorgó tres votos al Distrito de Columbia y cambió el total a una cifra par. Debido a ello el empate es posible desde 1964, pero nunca se ha producido.

Si los candidatos terminasen en empate, el resultado equivaldría a una victoria para Donald Trump: cuando ninguno de los candidatos consigue la mayoría de los votos electorales, la elección del presidente se decide en la Cámara de Representantes, donde cada delegación estatal emite un voto. A no ser que el Partido Republicano sufra un descalabro en la cámara (poco probable si la contienda está disputada), controlará el voto en una mayoría de los estados. El vicepresidente, por su parte, se decide mediante una votación en el Senado.

Los dos candidatos principales estarían lejos de la mayoría si un tercer rival, el conservador independiente Evan McMullin o el libertario Gary Johnson, ganase un estado (como Utah, de tendencia libertaria, con sus seis votos en el Colegio Electoral). Esto dejaría menos votos a Clinton y a Trump. De producirse ese escenario, la Cámara de Representante decidiría el presidente. Es lo que sucedió en 1800 y 1824, cuando cuatro candidatos principales se repartieron los votos. La Cámara de Representantes terminó instalando en la Casa Blanca a Thomas Jefferson en 1800 y a John Quincy Adams en 1824.

¿Qué ocurre si un elector se rebela?

No es una pregunta descabellada. Al elector que no vota al candidato del partido con el que se ha comprometido se le denomina «tránsfuga».

Según FairVote, que aboga por una reforma electoral, 82 electores han cambiado su voto por decisión propia desde que se creó el Colegio Electoral, como un elector desconocido de Minnesota en 2004 que había prometido votar por el demócrata John Kerry pero cometió un aparente error y eligió a su compañero de candidatura John Edwards.

En toda la historia, sólo se han abstenido tres electores, entre ellos Barbara Lett-Simmons, que se negó a votar en el año 2000 como protesta por la falta de representación de Washington DC en el Congreso. En agosto, Baoky Vu, simpatizante del Partido Republicano, aseguró que escribiría el nombre de otra persona en lugar de votar a Trump. Unas horas más tarde dimitió. FairVote explica que 29 estados aplican multas y otras sanciones legales a los electores tránsfugas.

¿Podrían amañarse las elecciones?

No es una cuestión a la que se le suela prestar atención, pero Trump la ha incluido en su agenda advirtiendo en repetidas ocasiones de que los demócratas planean manipular la votación. Parece que sus palabras han surtido efecto: según concluyó una encuesta de Politico/Morning Consult a mediados de octubre, el 30% de los ‘electores’ declararon no estar convencidos de la precisión del recuento de los votos.

Expertos electorales opinan que un pucherazo es improbable, en parte porque el proceso electoral no lo controla una única autoridad. Son los gobiernos estatales los responsables de registrar a los votantes, de certificar los sistemas de votación, de formar a los agentes electorales y de asegurarse de que se cumpla la ley electoral. No obstante, esto no impidió que aumentase la preocupación después de que en agosto autoridades gubernamentales revelasen que hackers rusos habían accedido a los sistemas de registro de votantes de Arizona e Illinois.

En agosto, Trump calificó de «enorme pérdida» la decisión de los tribunales que revoca la obligación de que los votantes de Carolina del Norte muestren un documento de identidad con su fotografía, puesto que los jueces opinan que discrimina intencionadamente a los afroamericanos. «Estoy seguro de que ninguna de estas personas votaría 10 veces en un día, ¿verdad?», declaró Trump.

News 21, una iniciativa de la Universidad Estatal de Arizona, sólo encontró un número «infinitesimal» de casos de voto fraudulento entre el año 2000 y 2012, entre los que se hallaron 329 ejemplos de fraude de voto por correo y 10 casos de suplantación de identidad.


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